“(…) Arlt diseña una imagen de la ciudad cuya potencia evocadora consiste en darnos de la modernidad su ‘fisonomía latente’”
(Capdevila, 1999:132)
Carácter dual, modernidad/modernismo, espejismos. Palabras extraídas de una cita de Marshall Berman que permiten abordar la lectura del ciclo Los siete locos – Los lanzallamas desde la configuración que el autor realiza de las subjetividades convulsionadas por los cambios modernos, tanto perceptibles como imperceptibles para estas subjetividades en proceso de formación, y de la ciudad que estas subjetividades experimentan.
Es interesante analizar cómo el carácter fantástico que adquiere el modernismo en los países relativamente atrasados[1] contribuye a la creación del sujeto moderno en las ciudades en crecimiento demográfico. A partir de este punto, entonces, se puede plantear una lectura de Los siete locos – Los lanzallamas que analice la subjetividad de los personajes arltianos creada a partir de un modernismo que “está obligado a nutrirse no de la realidad social sino de fantasías, espejismos, sueños”. (Berman, 1989:243. Las bastardillas son mías.)
Para comenzar a analizar el avance de la modernidad sobre la ciudad y la subjetividad es conveniente caracterizar la modernidad, a partir de una cita de Zygmunt Bauman, en su libro Modernidad líquida:
“(…) la nuestra es una versión privatizada de la modernidad, en la que el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso cae primordialmente sobre los hombros del individuo” (2000:13)
Siguiendo la revisión que Bauman realiza de esa época, podemos analizar la subjetividad del individuo moderno en formación, en relación con la visión que tiene de la ciudad, de las grandes masas de individuos y del futuro incierto que se configura vagamente a partir de “fantasías, espejismos, sueños” (Berman, 1989:243) Para remarcar la incertidumbre del futuro, podemos también ver el texto de Analía Capdevila, “Arlt: la ciudad expresionista”, donde indica que, cuando se habla de la “fisonomía latente” de la modernidad se está hablando, sobre todo, “de la predisposición del presente hacia el futuro”. (1999: 140. Las bastardillas con mías). Y agrega que esa predisposición “caracteriza a la modernidad en tanto que experiencia”. (1999: 140)
Los personajes arltianos protagonistas del ciclo que estamos analizando están compuestos por diversos elementos enumerados muy esquemáticamente en los párrafos antecedentes[2]: la dualidad; el carácter fantástico de un modernismo con límites vagamente delimitados; la posibilidad y el temor hacia el fracaso que descansa sobre los hombros de los individuos que deben transitar los cambios que se establecen con una rápida velocidad y que los obliga a adaptarse en el momento mismo en que estos cambios se están llevando a cabo.
Antes de comenzar con el análisis crítico del texto, habría que destacar la relación triádica entre el proceso de la modernización, la subjetividad de los personajes arltianos y la construcción expresionista de la ciudad que realiza el autor, como reflejo de la realidad interior de los personajes y su desasosiego frente a los cambios:
“Los faroles ardían tristemente vertiendo a través del fangal cataratas de luz algodonosa que goteaban en los mosaicos haciendo invisible el pueblo más allá de dos pasos. Un enorme desconsuelo estaba en Erdosain que avanzaba más triste que un leproso”. (Arlt, 2003: 259)
En esta cita, entonces, vemos la angustia y el desconsuelo de Erdosain representados en la tristeza del farol, en la textura del fangal, en la luz “algodonosa” que difumina la ciudad hasta hacerla invisible. Todos estos componentes son ejemplo de las descripciones que estructuran el interior de los protagonistas de Arlt en estos libros y que reflejan, de forma especular (aunque distorsionada) la realidad externa de la ciudad en que deben “sobrevivir”. Siguiendo el texto Sexo y traición en Roberto Arlt, de Oscar Masotta, podemos indicar que: “El clima interior de cada humillado no es más que la réplica de su contorno inmediato (…)” (1998: 29) Siendo cada humillado los diversos personajes de la obra[3], podemos analizar las diversas descripciones del mundo exterior que realizan para observar que todas se desarrollan en términos expresionistas, para hacer evidente la representación de la angustia y la desesperanza interior frente a los cambios sociales. Esa angustia y desesperanza, por otro lado, trae consigo la dualidad de la fascinación por las mismas situaciones que sienten rechazo. El ser moderno rechaza el contorno que lo rodea, pero también siente fascinación por los acelerados cambios[4] en los que le toca desenvolverse.
El artista expresionista representa la experiencia emocional, interior, sin preocuparse por representar de forma fidedigna la realidad externa, sino representándola a través de la experiencia personal. Las descripciones exageran las formas y distorsionan los temas tratados, con recursos particulares: la utilización excesiva de formas geométricas: “Su dolor estalla en un poliedro irregular, los vértices de sufrimiento tocan sus tuétanos, el costado de su nuca, una inserción de sus rodillas, un trozo de pleura”. (Arlt, 2004: 78); la inclusión de términos científicos, la creación de inusitados inventos y diabólicas personalidades.
Según el texto de Capdevila ya citado, el recurso de Arlt consiste en “subrayar en exceso el relieve de un objeto, reforzando el volumen de sus formas, presentando al objeto en toda su potencialidad plástica”. (1999: 133) Otros recursos están relacionados con el desmembramiento, la sinécdoque y la desproporción de las imágenes en el espacio real[5]: “A menudo se toca los brazos, se palpa las piernas, se acaricia la frente (…)” (2004: 70)
Si tenemos en cuenta el expresionismo como una respuesta negativa del modernismo, como una forma de trasmitir la “claustrofobia urbana” (Capdevila, 1999: 134) que los individuos modernos experimentan, podemos apreciar la forma en la que Roberto Arlt construye sus personajes: seres duales, fantásticos, fascinados, pero desahuciados por la realidad en la que viven.
Subjetividad moderna: dualidades, ensoñaciones, fantasías
“¡Qué lista! ¡Qué colección! El capitán, Elsa, Barsut, el Hombre de Cabeza de Jabalí, el Astrólogo, el Rufián, Ergueta. ¡Qué lista! ¿De dónde habrán salido tantos monstruos?”
(Arlt, 2003: 113)
Es elemental, en este punto, retomar la caracterización de la modernidad que realiza Zygmunt Bauman y ampliar la relación entre la modernidad y la subjetividad que se configura a partir de esos cambios:
“(…) la gente fue liberada de sus viejas celdas sólo para ser censuradas y reprendida si no lograba situarse (…) en los nichos confeccionados por el nuevo orden (…) (2000: 12. Las bastardillas son mías.)
En esta cita, vemos dos características particulares del “nuevo” individuo: la necesidad de “situarse”, de adaptarse a los cambios vertiginosos y violentos en los que estaban sumergido, y el temor a la censura y la reprimenda que podían experimentar si no lograban habituarse, ambas características relacionadas con la supuesta “libertad” obtenida con los nuevos movimientos sociales. La velocidad y la necesidad de participar activamente y de situarse en el nuevo orden influyeron en la subjetividad moderna creando seres duales, que deben hallarse en situaciones en las que no logran hacerlo.
Estos seres duales, por otro lado, y a causa de esta dualidad, sufren un desdoblamiento en su experiencia personal frente a la realidad. Esto podemos observarlo en la utilización del autor de las ensoñaciones y delirios que experimentan los personajes, en los que la realidad y la irrealidad se confunden continuamente.
Para exponer estas características, utilizaré tres capítulos de los dos libros de Roberto Arlt: “’Ser’ a través de un crimen” de Los siete locos, y “La cortina de angustia” y “Haffner cae” de Los lanzallamas. Estos tres capítulos serán utilizados para indicar ciertos elementos que pueden ser rastreados a lo largo de los dos libros, pero presentados de forma más esquemática en estos capítulos.
Una de las características del sujeto moderno, como ya indiqué en la introducción, es la dualidad en sus acciones y decisiones: “Soy algo así como el no ser”, se plantea Erdosain en el capítulo de Los siete locos. “¿O existe a pesar de no ser? Es y no es”. (2003: 113) Adolfo Prieto propone, en su Prólogo a Los siete locos. Los lanzallamas: “Los héroes se vuelven ambiguos. Pueden y no pueden ser responsables de ciertos gestos y ciertas palabras; (…) desean y no desean cambiar la realidad”. (1986: XIX) Esta ambigüedad del personaje podemos verlo con claridad cuando Erdosain se debate internamente si matar o no a Barsut: “¿Me importa matarlo? ¿O es que no me importa nada? ¿Que me da igual que viva? Y sin embargo quiero tener voluntad de matarlo”. (2004: 113)
Esta dualidad puede verse reflejada en distintos aspectos de los personajes: en su percepción sobre el mundo: “El hombre sombra percibiría el hecho, pero no sentiría su pesantez (…)” (2003: 114); o en su concepción sobre la vida: “¡Yo!... ¡Realmente, la vida es una bufonada! Y sin embargo, hay algo serio”. (2003: 112); y por último, en su existencia dentro de la sociedad: “Yo soy la nada para todos”. (2003: 115. Las bastardillas son mías)
Sobre el individuo masa y el individuo como ser único es mucho lo que podemos encontrar en estos libros. En la sofocante y creciente ciudad moderna que describe Roberto Arlt, el individuo no puede dejar de ser un individuo anónimo, un individuo masa. Sin embargo, los personajes de estas obras persiguen alejarse de ese anonimato, a través de sus distintas extravagancias. “Clavar un suceso en medio de la civilización que sea como una torre de acero” (2004: 72) es el motivo por el cual pretenden llevar a cabo su revolución.
Es interesante analizar, también, las ensoñaciones de los personajes a partir de una cita de Beatriz Sarlo, presente en Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930:
“Se puede soñar porque existe un conjunto de nuevos saberes cuya adquisición aseguraría la anulación de las contradicciones reales (pobreza, privación cultural, límite a los deseos)”. (1988: 58)
En el capítulo “Haffner cae” podemos leer todos los proyectos con los que Haffner sueña: “Tengo ciento treinta mil pesos. Podría irme al Brasil. O podría convertirme en un Al Capone. ¿Por qué no?” (2004: 80)
Las recurrentes ensoñaciones de Erdosain a lo largo del libro (la ensoñación cuando camina y el “millonario melancólico y taciturno” le cambia la vida, como ejemplo más citado) son un vórtice elemental de este recurso. Prieto observa sobre este personaje: “(…) incorpora lo imaginario como una forma de rechazo de los signos de la realidad que le son impuestos”. (1986: XIX) Estas ensoñaciones, unidas a lo fantástico de esos relatos, están relacionadas, como varios puntos que fueron expuestos a lo largo de este trabajo, con la respuesta a los cambios modernos y con la forma en que los personajes se configuran en esa realidad: “(…) lo imaginario, incorporado en los (…) relatos de Arlt como una fuerza interior con la que los personajes contaban para expresar su desasosiego, su incomodidad con el mundo (…)” (Prieto, 1986: XXVII)
Los siete locos. Los lanzallamas: Expresionismo argentino. Una respuesta a la modernidad
“(…) la modernización de una ciudad que cambiaba a pasos agigantados, dejando a la vera del camino a todos aquellos que no estuvieran en condiciones de seguirte el ritmo”
(Ojeda Bär, Carbone, 2005: 19)
Retomando, entonces, la cita a partir de la cual se desarrolló este trabajo, realizamos una lectura de estos textos de Roberto Arlt partiendo de la modernidad y de la respuesta expresionista argentina, lograda a través de las subjetividades que reflejan, de manera artística mediante una serie de recursos homologables con el expresionismo alemán, la realidad interior de los personajes en contraste con la experiencia exterior, física, con el mundo en que estos sujetos modernos están sumergidos.
Una observación sobre la modificación que los cambios en la ciudad realizan sobre la percepción del individuo y de la sociedad se puede extraer del libro El campo y la ciudad de Raymond Williams:
“(…) veía la extrañeza, la pérdida de conexión, al principio no en un sentido social, sino más bien perceptivo; la carencia de identidad en medio de la multitud, y luego, por esa misma senda, una pérdida de la sociedad misma (…)” (2001: 199)
Podemos indicar, para resumir, que la modernidad influyó en la forma en que los individuos se relacionaban con la realidad a partir de los violentos cambios que se efectuaban en las ciudades que se hallaban en proceso de modificación cosmopolita.
Para finalizar, citando nuevamente a Raymond Williams, es importante relevar una característica más de los individuos modernos: la paradójica soledad dentro de las grandes masas de individuos:
“La percepción de las nuevas cualidades de la ciudad moderna se había asociado, desde el comienzo, con un hombre que pasea a pie, como si estuviera solo, por sus calles”: (2001: 291)
Dentro de la composición de los personajes, junto con otras características, podemos apreciar la dualidad que indica Marshall Berman en la cita a partir de la cual se realizó este trabajo: los personajes experimentan continuamente una tirante relación con la modernidad que los creó, que les permite mantenerse anónimos en la muchedumbre, que les ofrece los adelantos científicos necesarios para el desarrollo de sus sueños y deseos. Pero, esos sueños y deseos surgen de la necesidad de lograr romper con ese anonimato y con la ciudad que los modifica y condiciona, constantemente, en sus relaciones humanas.
[1] Ver Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 1989: p.243.
[2] Sería interesante lograr una visión amplia de distintos textos y personajes de Roberto Arlt para analizar diferencias y similitudes entre sí, a medida que se configura en la prosa arltiana la dualidad frente a los procesos de modernización. En este caso, se trabajará particularmente con el ciclo mencionado, pero las hipótesis podrían ser analizadas a lo largo de la bibliografía de este autor.
3 Es factible analizar un paralelismo entre el comportamiento de cada uno de los personajes que transitan Los siete locos y Los lanzallamas para ver las coincidencias en la conformación de base de los personajes, más allá de las diferencias ideológicas y de búsqueda que experimentan entre sí.
[4] Para ver la dualidad misma que experimenta Roberto Arlt, sólo es necesario hacer un trabajo comparativo entre la ciudad que muestra en las Aguafuertes y la contra-ciudad que florece en los libros que estamos analizando. Ver “En los altos hornos de Baracaldo. Un espectáculo maravilloso. El nacimiento del acero”, incluido en Aguafuertes vascas, Buenos Aires, Ediciones Simurg, 2005, pp. 65-68.
[5] Es muy eficaz y evidente comparar las imágenes que Arlt relata, con las imágenes que Robert Wiene filma y las imágenes que Edvard Munch plasma en sus pinturas. Si tenemos en cuenta artistas de este movimiento artístico a la hora de analizar la prosa de Arlt podemos ver claramente estas características en su prosa.
